martes, marzo 28, 2006

sobre la "Ley de Radio"

Medios de por medio
Elvira García
28 marzo de 2006
El Universal

Ley de Radio y Televisión. Vil despojo
Si el día de hoy o, a más tardar el jueves, la Cámara de Senadores aprueba, sin modificaciones, las cuestionadas reformas a las leyes de Radio y Televisión y de Telecomunicaciones, se habrá hecho oficial uno de los mayores despojos de los bienes de nación.
Si esto ocurre, el Poder Legislativo perderá la pizca de credibilidad que el pueblo le tiene. Si la minuta pasa tal cual, serán ellos, los diputados y senadores, los responsables de que la televisión comercial siga siendo quien gobierne la conciencia del pueblo mexicano. Serán ellos, los legisladores, los causantes de que los medios públicos no tengan un futuro digno y mueran paulatinamente, ante la competencia desleal de los concesionarios.
Será a los senadores a quienes sus hijos y nuestros hijos tendrán que señalar porque permitieron que el duoplio televisivo, una vez más, evadiera su tarea educativa y comunitaria y se enriqueciera frente a los ojos de 70 millones de mexicanos pobres.
Serán esos legisladores quienes, a la vuelta de 30 años, no podrán mirar de frente a sus nietos cuando éstos les pregunten por qué permitieron que la televisión comercial creciera al grado de convertirse en el poder que atemoriza y crea seres mediocres, ese gran poder sólo equiparable al de las religiones que hoy dominan al mundo. Serán esos legisladores quienes habrán abierto el camino para que, en poco más de un lustro, Azcárraga Jean y Salinas Pliego formen parte de la lista de multimillonarios del mundo, riqueza que habrán forjado en el México de 25 millones de seres en pobreza extrema.
Será el voto de los senadores de PRI, PAN y PRD el que decida el destino del país. Parece exagerado. No lo es. La aprobación, sin cambios, de las leyes -hoy mejor conocidas como Televisa- condenará a nuestro pueblo, el consumidor número uno de la programación de Televisa y TV Azteca, a más miseria material y espiritual, más analfabetismo funcional, más mediocridad, más conformismo, más miedo, más rumorología y menos necesidad de lectura, a cambio de más telebasura.
Los diputados y senadores que hoy levanten el dedo en favor de esas leyes, estarán avalando el retroceso del país y le abrirán la puerta a la violencia de diverso origen. Y, en ese retroceso, en ese reloj cuyas manecillas marcharán para atrás, iremos todos, incluso las empresas televisoras que hoy, con su silencio cómplice, un silencio que pretende confundir, se ufanan de ser el único y auténtico poder.
Allá esos senadores y su conciencia. Allá los dueños de esas televisoras y su ética. Allá todos ellos y su nombre. Porque lo único que realmente uno tiene en la vida es el nombre. Y hay quienes creemos que debemos conservarlo sin mácula, hasta el fin de nuestros días.

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